El crecimiento acelerado en el ritmo de lanzamientos ha llevado a SpaceX a buscar nuevas plataformas para despegar su nave Starship, que apunta a realizar más de mil vuelos anuales. Su actual base en Texas, Starbase, con dos plataformas adaptadas, resulta insuficiente para la ambición de la empresa liderada por Elon Musk.

Para responder a esta demanda, SpaceX está preparando tres plataformas en Cabo Cañaveral, Florida, donde actualmente despegan muchas misiones espaciales de la NASA, pero donde hasta ahora no existía infraestructura para Starship. Además, la compañía no descarta adquirir terrenos en otros estados, como Louisiana, y explora también la opción de establecer lanzamientos en el extranjero.

Operar desde fuera de Estados Unidos implica superar complejos trámites regulatorios bajo el marco del Reglamento Internacional de Tráfico de Armas (ITAR), que controla la transferencia de tecnología sensible. Estos procesos se simplifican si el país anfitrión ha suscrito el Acuerdo de Salvaguardias Tecnológicas, un convenio derivado del Régimen de Control de Tecnología de Misiles (MTCR), diseñado para proteger la tecnología espacial y garantizar la seguridad nacional estadounidense.

Entre las naciones con este acuerdo están Brasil, Noruega, Nueva Zelanda, Australia y Reino Unido, que podrían ser candidatos viables para futuras operaciones de SpaceX fuera de Estados Unidos. Un ejemplo concreto es Rocket Lab, empresa norteamericana que ya realiza lanzamientos regulares desde Nueva Zelanda sin mayores obstáculos.

Este plan de expansión responde a la necesidad anticipada de soportar un volumen de vuelos que multiplicaría por mucho la actividad actual, pero para consolidarlo, el desarrollo y pruebas de la Starship continúan en marcha. Próximamente, se espera el duodécimo vuelo de prueba, que incluirá la versión número tres de la nave, marcando un paso clave para alcanzar el ambicioso objetivo de la empresa.