Un motor explosivo dejó sin control convencional al vuelo United 232, un DC-10 que viajaba de Denver a Chicago, obligando a la tripulación a tomar una arriesgada decisión para intentar mantener el avión en vuelo. La explosión dañó irreversiblemente los sistemas hidráulicos que controlaban los timones, lo que imposibilitó usar los controles tradicionales y convirtió a los motores en la única herramienta para dirigir la nave.
El capitán Al Haynes y sus compañeros utilizaron el empuje desigual de los motores izquierdo y derecho para maniobrar, un método jamás probado en vuelos comerciales. Al reducir la potencia del motor izquierdo y aumentar la del derecho, consiguieron corregir la inclinación del avión y mantener un vuelo balanceado, aunque con movimientos inestables de descenso y ascenso, sin capacidad para controles de precisión.
En medio de esta emergencia, el instructor de DC-10 Dennis Fitch, pasajero en ese vuelo, colaboró con el manejo de las potencias bajo instrucciones de la tripulación. Juntos lograron acercar el avión al aeropuerto de Sioux City, preparándose para un aterrizaje de emergencia. Para entonces, utilizaron métodos manuales para desplegar el tren de aterrizaje, ya que los sistemas normales fallaban.
A pesar de la gravedad del incidente, 185 de los 296 ocupantes sobrevivieron a la accidentada maniobra de aterrizaje, que representó un hito en la aviación al demostrar la capacidad de control del avión solo con gestión de motores ante la pérdida de sus controles hidráulicos. Este suceso sigue siendo un caso de estudio en procedimientos de emergencia y manejo de fallos críticos en vuelo.