Carbonix se convirtió en la primera compañía en Australia en obtener la certificación Safety Assurance Integrity Level (SAIL) III para un dron, un avance clave que respalda la realización de vuelos autónomos de largo alcance y más allá de la línea de vista (BVLOS). Este logro, validado por la Civil Aviation Safety Authority (CASA), representa también un hito global para este tipo de aeronaves.
La certificación SAIL III acredita la madurez, confiabilidad y los estándares de ingeniería del sistema de dron, garantizando que el vehículo sea evaluado como un sistema aéreo seguro y estable desde una perspectiva de riesgo. Este marco se enmarca dentro de una regulación internacionalmente reconocida que busca integrar operaciones autónomas complejas en la aviación, particularmente aquellas que requieren supervisión remota y capacidad de vuelo extendida.
Para lograr la certificación, Carbonix debió demostrar la fiabilidad estructural y de propulsión de su dron, así como la arquitectura de aviónica y comunicaciones. También fueron evaluados sus procesos de fabricación, cadena de suministro, mantenimiento y documentación operativa. Según su CEO, Dario Valenza, este reconocimiento marca un cambio trascendental para la industria de drones en Australia, pues facilita que estos vehículos sean considerados sistemas aéreos confiables en lugar de tecnología experimental que necesita aprobaciones puntuales.
Tras la certificación, Carbonix recibió autorizaciones para operaciones BVLOS en el Surat Basin, una región en Queensland que abarca un área aproximada a la de Bélgica. Estas autorizaciones permiten realizar inspecciones y monitoreos sobre redes de gas y tuberías para grandes clientes del sector energético, sustituyendo operaciones que antes se realizaban con helicópteros, aviones ligeros y equipos en tierra.
Este avance habilita la utilización plena del dron Ottano, un sistema aéreo no tripulado de ala fija con capacidad VTOL, diseñado para vuelos de larga duración y gran alcance en entornos remotos. La empresa prevé que estas capacidades faciliten misiones de inspección sobre extensas áreas, incrementando la eficiencia y reduciendo costos al minimizar la dependencia de aeronaves tripuladas y personal en campo.
Con esta certificación y las aprobaciones operativas asociadas, Carbonix apunta a impulsar sectores como la minería, transmisión de energía, infraestructura gasífera, la topografía remota y la vigilancia de infraestructuras críticas mediante vuelos autónomos seguros y escalables.