La tragedia ocurrida durante un vuelo turístico en helicóptero cerca del parque temático Sea World se atribuye a una distracción del piloto poco después de despegar. Según el testimonio del director ejecutivo de Sea World Helicopters, Ash Jenkinson perdió el foco en los controles porque atendía a sus pasajeros justo antes del impacto con otra aeronave.
El choque, que acabó con la vida de Jenkinson y tres pasajeros, fue el resultado de un breve pero crítico desconcierto en la cabina. Entre los fallecidos se encuentran una pareja recién casada británica y Vanessa Tadros, una madre de familia oriunda de Glenmore Park. Su hijo resultó gravemente herido en el accidente.
Jenkinson, de 40 años, dio positivo para restos de cocaína tras la autopsia, condición que la investigación reveló posiblemente influyó en su estado durante el vuelo. Sin embargo, el jefe de la empresa aseguró no tener antecedente alguno de su consumo y enfatizó que la política interna impone controles más estrictos que las reglamentaciones de las autoridades de aviación. Tanto Village Roadshow —empresa matriz— como la Administración de Seguridad de Aviación Civil (CASA) realizaban pruebas aleatorias para evitar casos de consumo de sustancias entre los pilotos.
El dirigente de Sea World Helicopters reafirmó la política de tolerancia cero ante drogas y alcohol, destacando que Jenkinson habría sido despedido inmediatamente de haberse detectado algún abuso. Añadió que no percibió comportamientos extraños en el piloto antes del accidente y recordó sus habituales intercambios informales en el trabajo como señal de normalidad.