Tronosjet Manufacturing alcanzó un hito al obtener la certificación de la FAA para un componente metálico crítico fabricado mediante manufactura aditiva (AM), gracias al respaldo tecnológico de Renishaw. La pieza certificada es un soporte para la polea de control de empuje del motor, un elemento esencial para la seguridad de la aeronave, fabricado por primera vez con tecnología de fusión por lecho de polvo láser (LPBF).

La empresa canadiense, reconocida por operar una flota de aeronaves BAe 146/Avro RJ y brindar servicios de mantenimiento y modificaciones, creó en 2016 una división especializada en manufactura avanzada. Esta área se dedica a diseñar, imprimir, tratar térmicamente y realizar pruebas metalúrgicas a componentes aeronáuticos, cumpliendo con las normas Transport Canada 561 y AS9100, estándares clave en la industria aeroespacial para garantizar calidad y gestión del riesgo.

La manufactura aditiva en el sector aeroespacial aún enfrenta el desafío de la certificación regulatoria para su adopción masiva. En este contexto, Tronosjet eligió reemplazar el soporte convencional de magnesio —material vulnerable a la corrosión— por una versión impresa en 3D, capaz de soportar cargas de tensión críticas que oscilan entre 60 y 100 libras-forza. La validación de esta pieza como un componente Clase 1 por parte de la FAA asegura su confiabilidad para su uso en vuelo.

Para lograr la certificación, Tronosjet debió demostrar ante expertos en ciencia de materiales, ingeniería aeroespacial y autoridades de aeronavegabilidad, que los componentes fabricados por LPBF cumplen rigurosamente con los requisitos técnicos y de seguridad. Renishaw proporcionó múltiples sistemas de manufactura aditiva que permitieron fabricar y evaluar estas piezas en ambientes controlados, integrando el proceso completo desde el diseño hasta los ensayos postproducción.

El caso de Tronosjet refleja una tendencia creciente en la aviación hacia la incorporación de tecnologías aditivas, que ofrecen ventajas en peso, resistencia y reducción de piezas y procesos. Sin embargo, la exigencia regulatoria impone una rigurosa validación para garantizar que estos nuevos métodos respondan a los estándares que tradicionalmente cumplían los métodos convencionales de fabricación.