Europa atraviesa una ola de calor sin precedentes que batió múltiples récords de temperatura en diferentes países. Alemania registró un nuevo máximo histórico al alcanzar los 41,5 ºC en Drewitz, superando el récord del día anterior de 41,3 ºC en Saarbrücken. Estas cifras extremas obligaron a las autoridades de Berlín a utilizar cañones de agua para mitigar el calor e intentar brindar alivio a la población.
El impacto del calor también se extendió a Italia, donde el riesgo de sequías preocupa a las autoridades por el rápido derretimiento de glaciares y la agudización de condiciones climáticas adversas. En Suiza, el equilibrio de nieve e hielo acumulado durante el invierno en los glaciares está desapareciendo de forma acelerada, lo que constituye uno de los hitos más tempranos del registro climático conocido como “día de pérdida del glaciar”.
Más al norte, Dinamarca anotó su temperatura más alta desde que se iniciaron las mediciones en 1874, alcanzando 37 ºC cerca de Aarhus. En la misma línea, Eslovaquia informó la noche más cálida de su historia, con temperaturas mínimas que no descendieron por debajo de los 26,3 ºC, y varios países del este y sureste europeo, incluidos la República Checa, Hungría, Moldavia y varias naciones balcánicas, emitieron alertas extremas por calor.
El Reino Unido enfrentó consecuencias directas de esta ola cálida con al menos cinco muertes por ahogamiento durante el período de altas temperaturas y más de 700 vuelos retrasados debido a tormentas provocadas por las condiciones meteorológicas. La situación en Francia y otros países occidentales también fue crítica, con fuertes advertencias y medidas preventivas para proteger a la población vulnerable.
Estos episodios dan cuenta de un escenario climático extremo y recurrente que desafía la capacidad de adaptación de las ciudades europeas, mientras expertos advierten sobre los efectos duraderos en los ecosistemas y el suministro de agua.