El gobierno australiano decidió pausar la compra de un cuarto escuadrón de Lockheed Martin F-35 Lightning II, posponiendo así la ampliación de su flota de cazas furtivos. Esta medida busca aprovechar mejor los recursos disponibles y potenciar la capacidad de defensa a través de la actualización y extensión en servicio de sus aviones F/A-18 Super Hornet y la adquisición de armamento avanzado, como misiles de largo alcance.
Con la decisión de mantener operativos los Super Hornet hasta los años 2040, Australia evita un vacío operativo tras la retirada definitiva de sus cazas legacy F/A-18 Hornet, y al mismo tiempo, permite destinar fondos que hubieran sido destinados a la compra de nuevos F-35 hacia la mejora de municiones y sistemas de defensa. Esta prolongación de la vida útil del Super Hornet incluye una serie de actualizaciones para mantener su desempeño competitivo frente a amenazas emergentes.
Australia ya cuenta con tres escuadrones operativos de F-35, con un total de 72 unidades entregadas, consolidándose como el mayor cliente internacional de este modelo. Esta flota le proporciona la columna vertebral de su aviación de combate, complementada por 24 Super Hornet y 12 EA-18G Growler, estos últimos dedicados a la guerra electrónica. La combinación de estas aeronaves brinda una capacidad integral en el espectro aéreo, tanto en combate convencional como en operaciones electrónicas.
El aplazamiento en la compra del cuarto escuadrón responde, según autoridades australianas, a que la capacidad que ofrece el F-35 resulta incluso superior a lo inicialmente previsto, lo que reduce la urgencia de ampliar la flota rápidamente. A la vez, se reconoce la importancia del Super Hornet como un recurso valioso en el corto y mediano plazo, que sigue siendo modernizado y completamente operativo.
Australia mantiene abierta la opción de adquirir los cazas restantes para alcanzar el total de 100 unidades contemplado en su programa original, pero la compra podría postergarse hasta el próximo década, ofreciendo así mayor flexibilidad frente a la incorporación de tecnologías futuras. Entre estas nuevas tecnologías destaca el interés en drones de combate como el Boeing Ghost Bat, cuyo desarrollo podría redefinir la estrategia aérea australiana.
Además, la aparición de programas internacionales como el Tempest/GCAP —un proyecto de avión de sexta generación desarrollado conjuntamente por Reino Unido, Japón e Italia— abre la posibilidad de que Australia participe o adquiera plataformas más avanzadas como reemplazo a largo plazo de los Super Hornet. Este programa está previsto para entrar en servicio a mediados de la década de 2030, coincidiendo con el período estimado para la renovación de la flota australiana.
Australia aseguró la plena capacidad operativa final de sus F-35 a mediados de 2025, con una entrega completa y acelerada en comparación con otros aliados clave. Este hito garantiza que la fuerza aérea pueda desplegar todas las capacidades del avión, incluyendo mejoras recientes como el radar APG-85 y sistemas avanzados de vigilancia y defensa electrónica inherentes al Bloque 4 del programa F-35.