Los vuelos domésticos podrían experimentar una revolución en la velocidad tras la decisión de la Administración Federal de Aviación (FAA) de anular la prohibición de 1973 que impedía el tránsito de aviones supersónicos sobre territorio continental. Con esta medida, el tiempo de viaje en la ruta entre Los Ángeles y Nueva York podría reducirse de unas seis horas a aproximadamente tres.

La restricción eliminada impedía el vuelo a velocidades superiores a Mach 1 —más de 770 millas por hora— para evitar los ruidos fuertes causados por los estallidos sónicos, que afectaban a las comunidades cercanas. Sin embargo, gracias a los avances en ingeniería aeroespacial y nuevos diseños que reducen el impacto acústico, la FAA confía en que estos aviones supersónicos podrán operar sin causar molestias significativas.

Se espera que para mediados de 2027 se establezcan normas específicas que regulen el ruido durante los despegues y aterrizajes, generando un marco regulatorio actualizado para estas nuevas aeronaves. Varias empresas estadounidenses ya avanzan en el desarrollo de jets supersónicos comerciales y privados que prometen mejorar la experiencia de viaje y cumplir con los estándares actuales de seguridad y sustentabilidad.

Una de estas compañías, Boom Supersonic, anunció que cuenta con pedidos de líneas aéreas como United, American y Japan Airlines para naves que transportarían entre 60 y 80 pasajeros a velocidades supersónicas. Además, Spike Aerospace prepara un jet privado de lujo con diseño enfocado en la rapidez y comodidad para un público exclusivo.

Esta decisión gubernamental sigue una orden ejecutiva emitida en 2025, que señalaba que la antigua prohibición afectaba la competitividad global de Estados Unidos. El documento resaltaba que los avances técnicos permiten ahora vuelos supersónicos seguros, sostenibles y económicamente viables. Los experimentos con aviones supersónicos en la década de 1960 generaron fuertes protestas por el impacto del ruido, lo que motivó la restricción vigente durante décadas.