Un vuelo de Delta Air Lines que llegaba desde Dallas tuvo que realizar una maniobra de ascenso inesperada para evitar una posible colisión con un avión de American Airlines que despegaba desde una pista que se cruzaba en el aeropuerto Logan de Boston. La maniobra, conocida como "go-around" o aterrizaje abortado, fue coordinada entre la tripulación y el control de tráfico aéreo de forma inmediata y permitió que la aeronave, con 129 pasajeros y seis tripulantes, retomara el recorrido y aterrizara con seguridad en un intento posterior.

La Administración Federal de Aviación (FAA) abrió una investigación para analizar los detalles del suceso y confirmar las causas concretas que motivaron la acción evasiva. Tanto American Airlines como el propio aeropuerto Logan remitieron las consultas al organismo regulador, que calificó este tipo de maniobras como procedimientos estándar y seguros que pueden ordenar los pilotos o los controladores para garantizar la seguridad durante las operaciones aéreas.

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Este incidente ocurre en un contexto de reciente actividad investigativa y sucesos fatales en la aviación comercial y privada. En días anteriores, un accidente aéreo en Francia terminó con la vida de un empresario fundador de una compañía de videojuegos. También se reportó un siniestro de un jet privado en Laredo, Texas, con un fallecido, y una prueba de vuelo en Edwards Air Force Base, California, resultó en un accidente con ocho víctimas mortales. Además, un accidente en Missouri durante una actividad de paracaidismo causó la muerte de doce personas. Estas series de eventos han puesto nuevamente en foco la vigilancia y protocolos de seguridad en la aviación.