La FAA dio un paso significativo para el retorno de los vuelos comerciales supersónicos sobre el territorio estadounidense al anunciar una propuesta que desarma la prohibición vigente desde hace más de cinco décadas. Esta restricción se estableció tras los problemas causados por las ondas sónicas que generaban fuerte ruido, incluso rotura de vidrios, durante los vuelos de prueba en la década de 1970.

El cambio propuesto responde a avances tecnológicos que han logrado reducir significativamente el impacto acústico de estas aeronaves. La norma prevé la creación de estándares provisionales basados en ruido para certificar aviones capaces de volar a velocidades superiores a Mach 1 sin causar molestias en tierra. El objetivo es que las nuevas aeronaves puedan elevarse lo suficiente para que las ondas de choque se disipen antes de alcanzar la superficie y evitar así el molesto estampido sónico experimentado en el pasado.

Además de la propuesta, la FAA planea establecer próximamente regulaciones específicas de ruido para maniobras de despegue y aterrizaje, dando a los fabricantes parámetro claros para diseñar jets supersónicos que cumplan con todos los requisitos. Esta actualización regulatoria responde, en parte, a una orden ejecutiva emitida anteriormente, que instaba a la agencia a eliminar barreras que frenan la innovación en esta área.

Varias empresas y aerolíneas ya apuestan por esta tecnología. Boom Supersonic, con el apoyo de compañías como United, American y Japan Airlines, desarrolla un jet con capacidad para 60 a 80 pasajeros que pretende cruzar la barrera del sonido sin generar un estampido perceptible desde tierra. Paralelamente, la NASA está probando su avión experimental X-59 para evaluar la percepción comunitaria respecto a estos vuelos.

Aunque los avances técnicos abren la puerta a vuelos supersónicos comerciales más sostenibles en términos acústicos, los altos costos asociados a este tipo de transporte continúan siendo un reto. El Concorde, el único avión supersónico comercial hasta ahora, ofrecía pasajes extremadamente caros, una barrera que las nuevas generaciones de aeronaves deberán superar para lograr una adopción masiva.