Ámsterdam implementó una prohibición generalizada de la publicidad pública que promueve sectores vinculados a altos niveles de emisiones de carbono, como aerolíneas, cruceros, combustibles fósiles y carne. Esta medida, que entró en vigor recientemente, busca que los espacios destinados a la publicidad en la ciudad reflejen un compromiso claro con la reducción del impacto ambiental.

Entre los productos y servicios vetados se incluyen anuncios de vuelos comerciales, autos de gasolina y carnes como la de res, cerdo y pollo. A pesar de estas restricciones, la movilidad aérea y el consumo de estos bienes no están prohibidos, sólo se limita su promoción en espacios públicos. El objetivo es modificar la percepción social y cultural para que se desencadene una transición hacia estilos de vida con menor huella ecológica.

Esta iniciativa de Ámsterdam se inscribe en un movimiento más amplio en los Países Bajos, donde varias ciudades ya han adoptado medidas similares para combatir el cambio climático a través del control de la publicidad. Por ejemplo, Haarlem ya prohibió la publicidad de carne, y La Haya impide la promoción de combustibles fósiles. Además, los tribunales neerlandeses han sido estrictos con empresas como KLM, que enfrentaron sanciones por publicidad engañosa relacionada con vuelos sostenibles.

Sin embargo, la prohibición genera debate debido al papel clave de la aviación en el comercio global, el turismo y la conectividad internacional, aspectos que Ámsterdam también considera fundamentales para su economía. Mientras los activistas climáticos promueven equiparar volar con conductas socialmente nocivas como fumar, sectores del turismo y la publicidad califican la medida como una restricción a la libertad comercial.

El contraste reside en que, aunque se reconoce la necesidad de acción contra el calentamiento global, Ámsterdam sigue dependiendo del turismo internacional y el transporte aéreo, lo que genera una tensión entre sus metas ambientales y sus intereses económicos.