Dos vuelos comerciales protagonizaron un incidente de alto riesgo en el aeropuerto Logan de Boston, cuando un avión de American Airlines recibió permiso para despegar mientras otra aeronave de Delta aterrizaba en una pista intersectada. La rápida reacción del piloto de Delta evitó lo que podría haber terminado en un choque.

El avión de American, un Boeing 737-800 que debía despegar rumbo a Charlotte, se posicionó en la pista 27 y esperó la autorización para el despegue, consciente del tráfico en la pista 33L donde se esperaba el aterrizaje de un Airbus A319 de Delta procedente de Dallas.

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A pesar de las advertencias cruzadas sobre la presencia de la otra aeronave en una pista intersectada, el controlador aéreo autorizó la aceleración del Boeing 737, aunque este demoró casi 45 segundos en comenzar la carrera de despegue. Justo cuando el avión estadounidense iniciaba su maniobra, el Airbus de Delta estaba en fase final de aterrizaje, situándose ambos en una trayectoria crítica.

El piloto de Delta percibió el peligro y decidió abortar el aterrizaje con una maniobra de aproximación frustrada para preservar una separación segura, sobrevolando la aeronave de American apenas a unos cientos de pies.

En respuesta, el controlador aéreo consultó al equipo de American, que confirmó haber recibido la autorización para despegar, evidenciando una deficiente coordinación que casi desencadena un accidente grave.

Este incidente pone de manifiesto las limitaciones y confusiones en el sistema de control del tráfico aéreo estadounidense, particularmente en aeropuertos con estructuras complejas como Boston, donde las pistas intersectan y los controladores operan bajo intensa presión y alta carga de trabajo.