Canadá inició una transformación profunda de su política militar y comercial, dejando atrás su histórica dependencia de Estados Unidos. La estrategia busca fortalecer la soberanía nacional mediante nuevas alianzas con países europeos, con acuerdos recientes que incluyen la venta de gas natural licuado a Alemania y la próxima compra de aviones de alerta temprana a Suecia.

El gobierno canadiense también está revisando importantes contratos relacionados con su arsenal militar. Entre los cambios en evaluación figura la posible adquisición de aviones de combate Saab Gripen, en lugar de los cazas furtivos F-35 estadounidenses. Además, Ottawa está en proceso de decidir entre un consorcio germano-noruego y una empresa surcoreana para la compra de hasta 12 submarinos. Esta diversificación forma parte de un plan más amplio para reforzar la capacidad industrial y militar del país.

El primer ministro Mark Carney fue quien hizo pública esta redefinición estratégica, enfatizando la necesidad de que Canadá deje de depender de Estados Unidos para su defensa y comercio. Desde que asumió el poder, Carney ha incrementado el gasto militar y promovido un giro hacia Europa, buscando reducir vulnerabilidades y aumentar la autonomía. El discurso de Carney en Davos, donde afirmó que la diversificación es clave para una política exterior sólida, refleja el nuevo rumbo del país.

Históricamente, Estados Unidos ha absorbido cerca del 75 % de las exportaciones canadienses y ha sido el principal proveedor de bienes al país. Sin embargo, el contexto político actual, marcado por la administración Trump, generó en Ottawa la necesidad de buscar socios alternativos. Las medidas incluyen no solo acuerdos comerciales sino también una redefinición del equipamiento militar para consolidar una defensa más independiente y diversificada.