El interés de México por incorporar aviones militares de fabricación nacional toma fuerza con la evaluación del IA-63 Pampa III, un avión de combate ligero argentino que podría ensamblarse parcialmente en territorio mexicano. Este modelo, conocido por su bajo costo operativo y tecnologías avanzadas, aparece como una opción viable para sustituir antiguos entrenadores como el T-33, aunque no alcanza a reemplazar cazas más sofisticados como el F-5E/F.

El IA-63 Pampa III destaca por su cabina presurizada con asientos eyectables, compatibilidad con sistemas de visión nocturna y un ciclo de vida proyectado superior a 40 años gracias a sistemas integrados de soporte logístico y entrenamiento tierra-aire. Su capacidad para incorporar componentes fabricados en México facilita una posible colaboración que abriría oportunidades de transferencia tecnológica y expansión comercial para la industria aeroespacial mexicana.

En paralelo, la industria nacional avanza en el desarrollo de aeronaves civiles, impulsada por proyectos como el Halcón 2. Esta aeronave ligera certificada oficialmente para vuelos privados ofrece un diseño biplaza y eficiencia en costos gracias a su motor a gasolina premium. Sus sistemas tecnológicos, que incluyen pantallas táctiles y navegación avanzada, la hacen útil para escuelas de vuelo, vigilancia aérea y vuelos recreativos, representando el retorno de México a la aviación civil certificada con potencial exportador, superando la histórica producción agrícola.

El fortalecimiento de la industria aeroespacial mexicana se refleja en la intención de integrar aviones militares con capacidades superiores a las de un turbohélice, lo que beneficia las fuerzas armadas y el sector civil. Tanto la posible alianza con FAdeA en Argentina como los desarrollos independientes muestran un escenario donde la producción nacional empieza a consolidar su espacio en un mercado tradicionalmente dominado por fabricantes extranjeros.