NASA avanza en un proyecto para adaptar un avión Boeing 737-73W propiedad de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en un avión capaz de generar condiciones de gravedad reducida. Este modelo, vinculado a un programa militar clasificado, será objeto de un estudio de factibilidad para comprobar su aptitud como plataforma de vuelos parabólicos, comúnmente conocidos como “Vomit Comet” por las maniobras que simulan ingravidez.
La evaluación estará a cargo de Denmar Technical Services, una empresa aeroespacial de Nevada ya involucrada en trabajos sensibles para la Fuerza Aérea. El contrato otorgado en forma directa incluye no solo el análisis técnico, sino también la posible modificación de la cabina para vuelos en gravedad reducida, la realización del mantenimiento pendiente, la restauración de la certificación de aeroneavegabilidad y la pintura exterior con insignias de NASA, en caso de aprobarse su incorporación.
Este avión, que NASA recibirá tras finalizar las tareas de transferencia desde la Fuerza Aérea, se integraría al proyecto Reduced Gravity Test Bed Project, que proporciona condiciones de ingravidez para probar trajes espaciales y sistemas de tripulación del programa Artemis. La agencia establece un plazo estricto para completar las modificaciones antes de octubre de 2026, a fin de cumplir con el cronograma de pruebas próximas.
La utilización de aviones para simular microgravedad no es nueva para NASA. Desde hace décadas realiza vuelos parabólicos, consistentes en ascensos y descensos controlados, para generar breves intervalos de ingravidez necesarios para la formación de astronautas y experimentación en condiciones similares al espacio. Tradicionalmente, esta tarea se ha realizado con aviones como el Boeing 727-200 “G-Force One” operado por Zero Gravity Corporation.
La novedad radica en que el Boeing 737-73W seleccionado proviene de un programa militar confidencial, lo que implica una interacción poco común entre la aviación militar clasificada y las operaciones civiles de investigación aeroespacial. Este paso abre la posibilidad de que NASA incorpore tecnología y plataformas del ámbito militar para impulsar sus exigentes programas de exploración espacial.