El Nederlands Lucht- en Ruimtevaartcentrum (NLR) ha potenciado su infraestructura para pruebas ambientales con la adquisición de un sistema de vibración de mayores dimensiones. Este nuevo equipo permite examinar no solo componentes aislados, sino sistemas completos utilizados en aeronaves, satélites y cohetes, asegurando que puedan soportar las condiciones extremas a las que serán sometidos durante su operación.
Las pruebas de vibración y choque son clave para verificar la resistencia de los productos ante entornos con presiones, temperaturas extremas y radiación electromagnética variables. Un aspecto crucial de estos ensayos es no solo evaluar el producto final, sino también la calidad de su fabricación, puesto que uniones o soldaduras que aparentan solidez pueden fallar bajo estrés. NLR ha desarrollado una metodología basada en el principio de llevar los componentes hasta su punto de falla para optimizar diseños, como ocurrió con un intercambiador de calor impreso en 3D que fue modificado tras detectar fisuras durante el test.
El centro, ubicado en Marknesse, cuenta con expertos especializados que garantizan mediciones precisas y seguras, enfocándose en el correcto acoplamiento del objeto de prueba y la ubicación óptima de los sensores. Su experiencia abarca desde componentes de satélites —como sensores de presión y pequeños motores de cohetes— hasta elementos aeronáuticos, incluyendo palas de hélice y equipos para el confort en vuelo, como hornos para precalentar alimentos.
Este nuevo sistema de vibración, modelo TIRA 59412, dispone de una superficie de prueba de 120 por 120 centímetros, facilitando así la fijación segura de piezas voluminosas. Además, permite realizar ensayos bajo condiciones criogénicas, lo que es esencial para el desarrollo de tecnologías innovadoras en la aviación, como los motores impulsados por hidrógeno que requieren operar en temperaturas extremadamente bajas.