Una modelo y activista por la inclusión denunció que British Airways le negó el abordaje de un vuelo transatlántico desde Nueva York a Londres debido a que la tripulación no podía asistirla para ir al baño ni evacuarla en caso de emergencia. La pasajera, usuaria de silla de ruedas, había reservado su viaje con antelación y confiaba en viajar sin acompañante, como lo ha hecho en otras ocasiones.

El impedimento ocurrió en el aeropuerto JFK, donde le informaron que el personal de cabina no estaba capacitado para ayudarla en sus necesidades durante el vuelo. En respuesta, British Airways aseguró que está investigando el incidente y mantiene contacto directo con la pasajera para esclarecer los hechos. Finalmente, la viajera pudo realizar el trayecto en otro vuelo, donde también le consultaron si podía desplazarse sola al sanitario.

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Este caso pone en evidencia el complejo equilibrio entre garantizar la dignidad y accesibilidad de los pasajeros con discapacidad y los límites de las responsabilidades del personal de vuelo. Los asistentes de cabina no son auxiliares personales y existe una regulación que define el tipo de ayuda que deben prestar durante el vuelo, especialmente en situaciones delicadas como el uso del baño o emergencias.

En vuelos internacionales que involucran Estados Unidos, rige la Ley de Acceso para Transportistas Aéreos (Air Carrier Access Act), que obliga a las aerolíneas a proporcionar asistencia razonable a pasajeros con discapacidad una vez abordados, incluyendo ayuda para trasladarse dentro de la cabina. Sin embargo, la normativa también aclara que no se exige a las aerolíneas brindar servicios personales extensos, como asistencia directa dentro del sanitario.

British Airways establece en su propio reglamento que, si bien ofrece apoyo para el acceso al baño mediante dispositivos adaptados, no realiza tareas que impliquen ayuda personal en el interior del lavabo ni transferencias que requieran contacto físico intensivo. Este suceso abre un debate sobre cómo interpretar estas normas y asegurar que las personas con discapacidad puedan viajar con autonomía y seguridad, sin que la falta de asistencia adecuada se convierta en una barrera.