El último gran desafío de la aviación era dar la vuelta al mundo sin escalas en un globo aerostático, una hazaña que parecía imposible hasta que en 1999, el explorador suizo Bertrand Piccard y el instructor de vuelo británico Brian Jones lo lograron con su globo Breitling Orbiter 3. La nave, construida en Bristol y con un diseño que recordaba a un pequeño submarino con ventanillas y varias tanques de propano, consiguió mantener un vuelo continuo durante veinte días, superando rivales poderosos y resistencia extrema.

El Breitling Orbiter 3 alcanzaba los 55 metros de altura, siendo visible como una estructura metálica gigante que parecía un enorme mezclador de cócteles suspendido en el aire. Durante todo el trayecto, Bertrand y Brian se desplazaron a la altura habitual de los aviones comerciales, lo que añadió un nivel adicional de complejidad y riesgo. Enfrentaron condiciones meteorológicas adversas, una falla técnica grave que pudo ser fatal y un desgaste mental y físico muy intenso que casi termina en tragedia.

Esta aventura no solo marcó un hito en la historia de la aeronáutica, sino que recoge varias décadas de evolución y sueños aeronáuticos que comenzaron con los primeros vuelos en globo sin amarras, como el pionero ascenso de 1783 sobre París por François d’Arlandes y Jean-François Pilâtre de Rozier. Su globo, inventado por los hermanos Montgolfier, fue el símbolo del Romanticismo y la exploración que ha inspirado desde la literatura hasta el arte.

El vuelo de Piccard y Jones cerró el círculo en los grandes retos aviatorios del siglo XX, uno que quedó pendiente después de la era de los aviones y las misiones espaciales, como la llegada a la Luna. En 1984 ya se había logrado la primera circunnavegación aérea sin reabastecimiento en un avión, pero volar alrededor del mundo sin detenerse ni tocar tierra era una prueba inédita que dependía únicamente de la habilidad para controlar un globo y la fuerza del viento.

El impulso de Bertrand Piccard para emprender esta expedición originó desde su infancia, inspirado por figuras familiares notables. Su padre fue un reconocido oceanógrafo y explorador submarino, y su abuelo, un físico e inventor que alcanzó la estratósfera en un globo, creador del prototipo que inspiró al personaje Profesor Tornasol de Tintín, figuras que dejaron un legado en la exploración científica y aventurera.