Un Boeing 787-9, operado por Lufthansa y fabricado en la planta de Boeing en Carolina del Sur, colapsó cuando su tren de aterrizaje delantero falló mientras era preparado en el aeropuerto de Frankfurt para un vuelo hacia Los Ángeles. Afortunadamente, no había pasajeros a bordo en ese momento, pero varios empleados y dos miembros de la tripulación resultaron heridos al caer la aeronave sobre la pista.
El incidente ocurrió durante las labores previas al despegue, cuando el tren de nariz se replegó de manera inesperada y provocó que la parte frontal del avión impactara contra el pavimento. El impacto dañó al menos una de las compuertas del tren y resultó en contacto de los motores con la superficie, lo que genera preocupación debido a la estructura compuesta del fuselaje del Dreamliner, conocida por su sensibilidad a este tipo de daños.
Lufthansa canceló el vuelo afectado y se encuentra investigando las circunstancias del episodio junto con las autoridades y técnicos especializados presentes en el lugar. Por su parte, Boeing informó que está al tanto del incidente y ofrece su apoyo a la aerolínea en la evaluación y resolución del problema.
Los problemas con aviones Boeing, especialmente los ensamblados en la planta de North Charleston (Carolina del Sur), llevan años siendo motivo de controversia. Esta instalación, financiada con significativos subsidios públicos, ha estado bajo escrutinio por varios problemas técnicos y casos de seguridad difundidos en medios independientes durante más de una década.
Este evento reaviva las dudas sobre la calidad y el control de producción en dicha planta, que en el pasado fue objeto de críticas por la gestión política y la inversión pública destinada a su mantenimiento. Expertos y empleados previos han señalado problemas estructurales que podrían afectar la seguridad operacional de los modelos construidos allí.