El accidente de un avión durante un vuelo de paracaidismo en Missouri que terminó con la muerte de las 12 personas a bordo no presentó evidencias de fallos mecánicos en el motor según un informe preliminar divulgado por investigadores federales.
La Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) revisó los restos de la aeronave y no halló indicios de mal funcionamiento que pudieran haber impedido el normal desempeño del avión durante el despegue y el vuelo inicial. Además, se confirmó que el combustible utilizado estaba limpio y libre de contaminantes, descartando problemas con el suministro.
El accidente tuvo lugar en el aeropuerto Butler Memorial y ocurrió poco después del despegue, mientras la aeronave realizaba un giro gradual que llevó sus alas casi perpendiculares al suelo antes de estrellarse contra un campo cercano y prenderse fuego. Las llamas causaron daños severos en la estructura, incluyendo la cabina y el sistema de combustible.
En el momento de la tragedia, el avión transportaba a un piloto y 11 paracaidistas, varios de ellos con amplia experiencia. La NTSB señaló que la aeronave cumplía con los límites de peso y balance para ese vuelo, según la revisión del software del operador de la empresa de paracaidismo.
El avión no contaba con registradores de datos o de voz resistentes al choque, dispositivos comúnmente usados en vuelos comerciales para registrar información vital. Sin embargo, se recuperaron cámaras GoPro dañadas en los restos, que podrían aportar evidencia para la investigación en curso.
La NTSB continúa investigando las causas del accidente y se espera que el informe final demore un año o más, debido a la complejidad de la pesquisa y al daño ocasionado por el incendio en la aeronave.