La Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB) mantiene abierta la investigación sobre el accidente aéreo ocurrido en Laredo, enfatizando que aún es prematuro determinar qué provocó el siniestro. Aunque inicialmente autoridades locales sugirieron una posible falla mecánica, la NTSB descartó que exista evidencia confirmada en ese sentido hasta ahora.
La avioneta involucrada había declarado una emergencia durante el vuelo que salió de Los Cabos antes de estrellarse. A bordo viajaban dos pilotos de 63 y 29 años, junto con tres jóvenes de entre 16 y 17 años. La víctima mortal fue Josh Baer, un líder tecnológico de Austin de 50 años, cuya muerte generó condolencias públicas, incluyendo las del senador Ted Cruz.
El análisis de la NTSB se basa en varios dispositivos recuperados de la aeronave, como la grabadora de voz de cabina y el registrador de datos de vuelo, que permitirán examinar variables como sonidos, conversaciones, velocidad y parámetros del motor. Estos aparatos serán enviados a un laboratorio especializado en Washington, D.C., para su descarga y revisión.
Mientras tanto, la Policía de Laredo recolecta evidencia ciudadana, incluyendo videos del momento del impacto, mediante un código QR difundido en redes sociales para facilitar la entrega de material relevante. Los restos del avión permanecen en un hangar del aeropuerto, donde continúan los peritajes externos e interrogatorios a los sobrevivientes.
La investigación federal puede extenderse hasta un año, aunque se espera que un informe preliminar esté listo en aproximadamente 15 días. Por ahora, las autoridades mantienen abierta la posibilidad de que intervengan otras causas, como problemas con el combustible o errores humanos, además de descartar fallas mecánicas.