Un avión Piper Cherokee Lance se estrelló poco después de despegar hacia Bathurst, causando la muerte de las tres personas a bordo y la destrucción total de la aeronave. La colisión ocurrió tras una subida abrupta y una pérdida de control que derivó en una caída a poca altura, según reveló el informe final del Australian Transport Safety Bureau (ATSB).
La investigación detalló que durante la carrera de despegue el estabilizador horizontal del avión, cuya función es controlar la actitud de cabeceo, se colocó en una posición casi máxima de nariz hacia arriba. Esta configuración se mantuvo durante todo el breve vuelo, superando las maniobras normales necesarias para la rotación y ascenso.
Aunque se identificó cómo el estabilizador provocó la actitud anómala del avión, el informe no pudo determinar por qué se mantuvo en esa posición. No se encontraron fallas técnicas previas en los sistemas de control o trimado, ni indicios de que el piloto o los pasajeros hayan provocado el movimiento por acción deliberada o involuntaria. Asimismo, no hubo señales de interferencias externas como impactos de fauna o condiciones ambientales adversas.
El organismo explicó que las cámaras de seguridad y fotografías de testigos confirmaron el movimiento inusual del estabilador durante la despegue. En estos casos, donde el control del cabeceo se altera inesperadamente, la respuesta del piloto es crucial, pero el entrenamiento habitual no cubre escenarios de ajustes involuntarios del estabilizador de esta magnitud, lo que vuelve la situación extremadamente difícil de manejar.
El avión comenzó a perder altitud rápidamente tras alcanzar un máximo de apenas 15 metros, lo que indica que entró en pérdida (stall) y perdió sustentación antes del impacto en el suelo al borde de la pista. El accidente se produjo con el avión llegando a un ángulo de vuelo que superó las capacidades de control manual, y el contacto con el terreno causó un incendio que consumió la aeronave.
La investigación enfatizó que el trimado del estabilizador estaba correctamente seleccionado y que no hubo movimiento hacia atrás del asiento del piloto que pudiera haber influido en la posición del mando. Todos los compartimentos y puertas estaban asegurados, descartando así posibles factores externos o errores de pre-vuelo.
El informe final subraya la dificultad para definir las causas de incidentes donde las superficies de control se desvían sin explicación técnica o humana, y la importancia de incorporar estos escenarios en la formación para ayudar a los pilotos a responder en situaciones críticas relacionadas con el control inesperado de la actitud del avión.