El desarrollo de sistemas de deshielo efectivos en aeronaves fue posible gracias a la visión y al trabajo de Lewis Rodert, quien lideró la investigación sobre la formación de hielo en aeronaves entre 1936 y 1945. Su iniciativa surgió de la necesidad de contar con aviones capaces de resistir el hielo mientras recopilaban datos en vuelo, un problema que hasta entonces era subestimado.
Rodert demostró que el hielo no solo incrementaba el peso de las aeronaves, sino que también alteraba la forma de las alas, reduciendo la sustentación y aumentando la resistencia al avance. Además, el hielo afectaba el funcionamiento de los instrumentos, del carburador, las hélices, el parabrisas, e incluso la comunicación por radio, lo que representaba un peligro inmediato para la seguridad aérea.
Su trabajo inicial con un avión Douglas DC-3 evidenció que incluso pequeñas acumulaciones de hielo podían provocar pérdidas notables en el desempeño y riesgos de pérdida de control. Esta evidencia impulsó la construcción de un túnel de viento especializado para simular condiciones de hielo, aunque la formación artificial no replicaba totalmente la naturaleza del hielo real.
Así fue como se apoyó el desarrollo del "boot" inflable para deshacer el hielo en el borde de ataque de las alas, fabricado por BF Goodrich Rubber Company. Esta solución se convirtió en un estándar que ayudó a mejorar la gestión del hielo en las aeronaves comerciales y militares.
Rodert y su equipo continuaron innovando al probar un sistema que usaba el exceso de calor del motor para derretir el hielo, aplicándolo en un avión Martin XBM-1 de la Marina de Estados Unidos. Posteriormente, con el respaldo de Lockheed, modificaron un modelo Lockheed 12A con un sistema que canalizaba gases calientes para calentar el borde de ataque de las alas, junto con aire frío para proteger la estructura del metal.
Esta tecnología se implementó en los hidroaviones PBY de la Marina estadounidense y, tras el interés de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, fue probada extensamente en Wright Field con apoyo de oficiales militares y expertos. El proyecto contó con inversiones para adaptar alas y parabrisas y avanzar en las investigaciones aerodinámicas y de seguridad.
Lewis Rodert no solo mejoró la comprensión del fenómeno del hielo en vuelo, sino que también contribuyó con soluciones prácticas que sentaron las bases para los sistemas anti-hielo modernos que siguen protegiendo a las aeronaves de ese riesgo.