Un accidente en Meurthe-et-Moselle que cobró la vida de once personas se considera el más mortífero en Francia en la aviación civil fuera del ámbito comercial, según la Oficina de Investigación y Análisis para la Seguridad de la Aviación Civil (BEA). El hecho conmocionó a quienes presenciaron el evento durante un bautismo de paracaidismo.

La historia francesa recuerda desastres aéreos más antiguos, pero igualmente devastadores. En 1974, un avión turco se estrelló en el bosque de Ermenonville, región de Oise. En ese accidente fallecieron 346 personas, convirtiéndose en la tragedia aérea con mayor número de víctimas en suelo francés. La investigación concluyó que una puerta trasera de la bodega se abrió en pleno vuelo, desencadenando el choque fatal.

Siete años después, otro accidente significó una grave pérdida humana en Córcega, cuando un avión yugoslavo de Adria Airways cayó cerca de Ajaccio. Perdieron la vida 174 personas, incluidas la tripulación y pasajeros que partieron de Liubliana. Una desconexión con los controladores poco antes del aterrizaje complicó la situación, dificultando la coordinación durante la emergencia.

Un caso particular ocurrió en 2015, cuando un avión de Germanwings se estrelló en los Alpes del Sur. Fue un accidente provocado intencionalmente por el copiloto, cuyo suicidio causó la muerte de 149 personas. Las grabaciones de la caja negra confirmaron rápidamente la intención del copiloto, y las labores de rescate se extendieron por cerca de diez días debido a la complejidad del terreno.

En la década de 1960 también se registraron accidentes trágicos. En 1962, un Boeing 707 de Air France no logró despegar correctamente en Orly, atravesó las señales luminosas y cruzó una carretera, lo que derivó en un incendio fatal con 130 víctimas. Cuatro años antes, en 1966, un vuelo de Air India se estrelló contra el Mont-Blanc debido a una tormenta de nieve que dificultó la visibilidad. El impacto, a alta velocidad, dejó 117 fallecidos y sus restos aún permanecen bajo el hielo.