Turkish Airlines logró mantener casi intacto su volumen de pasajeros internacionales en medio de la crisis bélica en Irán, registrando solo una caída cercana al 2% en comparación con el año anterior. Mientras tanto, ajustó su estrategia para minimizar el impacto, concentrándose en fortalecer su conectividad hacia Europa y Asia desde su base en Estambul.

Las rutas hacia África y Medio Oriente sufrieron recortes significativos. La aerolínea suspendió vuelos a diez destinos africanos, especialmente en países del África subsahariana, y eliminó cinco destinos adicionales en Medio Oriente y Asia central, además de cerrar completamente su servicio hacia Irán por el conflicto. Estas medidas respondieron principalmente a los elevados costos del combustible y la baja ocupación que hicieron insostenibles dichas rutas.

A pesar de estas suspensiones, Turkish Airlines incrementó casi un 25% la ocupación en sus vuelos hacia Asia y reportó un incremento en pasajeros en sus conexiones europeas. Su flota operativa se mantuvo robusta con más de 530 aviones activos. Por su parte, el Aeropuerto de Estambul, principal hub de la compañía, mantuvo un flujo de pasajeros creciente en el primer trimestre, consolidándose como un punto de "puerto seguro" en una región afectada por inestabilidades internacionales.

También se señaló que la aerolínea reanudará en breve sus vuelos a Bagdad tras una pausa de dos meses, mostrando señales de recuperación en algunas rutas del Medio Oriente como Siria, Jordania y Líbano. El segmento americano se mantiene prácticamente intacto, con una única eliminación: el destino de La Habana en Cuba.

En cuanto a resultados financieros, las acciones de la empresa matriz, Turk Hava Yollari, experimentaron un incremento del 12% en lo que va del año, aunque su índice de referencia en bolsa ha escalado aún más. Este comportamiento refleja la capacidad de Turkish Airlines para adaptarse a un escenario global marcado por conflictos y costos crecientes, manteniendo la confianza de inversores y pasajeros.