La industria aeroportuaria enfrenta un nuevo escenario tras el cierre de Spirit Airlines, ya que la recuperación de su capacidad aérea será lenta y asimétrica, con pérdida permanente en varios mercados menores. Expertos señalan que, aunque las rutas principales probablemente recuperen la oferta gracias a otras aerolíneas, los aeropuertos pequeños y destinos de ocio podrían experimentar una reducción estructural en su conectividad.

Jeffrey Sigmon, gerente de Viajes y Transporte en Arthur D. Little, estimó que en un plazo de dos años se recuperará entre el 60 y 70 por ciento de la capacidad aérea que tenía Spirit. Sin embargo, advirtió que esta recuperación será desigual y que aproximadamente 30 mercados donde Spirit tenía monopolio enfrentan un riesgo alto de no recuperar la capacidad o hacerlo muy lentamente, afectando así un 6% de los asientos que la aerolínea ofrecía.

La red de Spirit se superponía en gran medida con las rutas de las principales aerolíneas tradicionales y de bajo costo, por lo que las frecuencias en los corredores más importantes podrían ser rápidamente reemplazadas. No obstante, la limitada disponibilidad de aeronaves, la escasez de pilotos y tripulación, junto con el aumento de los costos de combustible dificultan la incorporación inmediata de nueva capacidad para sustituir la oferta perdida. Las programaciones para el verano próximo ya fueron definidas antes del cierre, por lo que la reposición masiva no se vislumbra hasta finales de 2026 o incluso 2027.

Entre las opciones para cubrir las rutas de Spirit, Frontier aparece como la aerolínea más lógica para captar parte de esa demanda, pero su actual flota no tiene el tamaño suficiente para absorber toda la red de Spirit sin comprometer sus propios planes de expansión. Mientras tanto, las grandes compañías aéreas que dominan cerca del 80% de la capacidad doméstica operan sistemas basados en hubs y prefieren seleccionar solo los corredores más rentables, lo que limita un reemplazo amplio y homogéneo de la oferta.

Este enfoque selectivo puede dejar a ciertos aeropuertos sin el nivel de conectividad que tenían, generando un impacto inmediato en ingresos no aeronáuticos, como los provenientes de concesiones y estacionamientos, cuya facturación depende directamente del número de pasajeros que embarcan. La pérdida de Spirit como competidor ultra low cost también influirá en la utilización de terminales y en los planes de inversión a largo plazo, obligando a los operadores aeroportuarios a replantear sus estrategias financieras y operativas.